jueves, 19 de junio de 2008

Wilfredo Cornejo: Enseñándoles a leer a los niños, un día serán grandes líderes

En Villa El Salvador (VES), una red de 25 bibliotecas comunales les ofrece a los niños un espacio y personas que los invitan a leer. Wilfredo Cornejo trabaja cortando botellas para convertirlas en vasos y es, también, un dirigente vecinal a cargo de una de estas bibliotecas. Él tiene fe en la lectura.
Viví en Chiclayo hasta que tuve ocho años. ¿Cómo es la vida, no? El provinciano siempre trata de venir hacia la capital. Yo tenía un hermano mayor aquí, en Lima. Mi madre es una señora de 84 años que tuvo siete hijos, para los que fue padre y madre. Ella decidió que viniéramos a Lima a buscar un futuro, mejor educación y una mejor posición", cuenta Wilfredo Cornejo.
¿Dónde vivieron?Primero fuimos a la casa de una tía en el Callao, donde hice mi primaria. Después, en Breña, hice mi secundaria. Llegué a Villa El Salvador hace 23 años. Fui de los primeros de mi grupo, el grupo residencial 24, del segundo sector.
¿Cómo llegaron a Villa El Salvador?La necesidad. Nosotros andábamos de casa en casa. Una vecina nos contó que había lotes en Villa El Salvador. Cuando se invadió este lote, sufrimos mucho para quedarnos. La gente ponía sus esteritas en forma de curva para hacer un techo. Vine para acá. Había que luchar. Las esteras, como todo era descampado, se volaban con el viento. Se sufría para conseguir agua y luz, los servicios básicos.
¿Cómo se organizaron?Con nuestros primeros dirigentes logramos tener nuestro primer pilón. Teníamos que estar, a veces, hasta las 3 de la mañana porque el agua venía de noche y nos amanecíamos llenando. Poco a poco logramos tener agua. Conseguimos un financiamiento con el Banco de la Vivienda. Tuve la suerte de estar dentro de la comisión de ese proyecto. Más tarde vinieron los demás a luchar por el alumbrado. Nosotros jalábamos electricidad de más abajo, pero se robaban los cables y se llevaban los palos. Era una telaraña de alambres. Finalmente, se logró.
Usted es un dirigente activo. Me inicié joven, como dirigente de manzana. Al comienzo estaba en el lote de mi hermano. Pero acá, en Villa El Salvador, si una persona no vivía, se declaraba lote en blanco. Y una persona dejó su terreno. Formé mi choza de esteras y vine con mis hermanos y con mi madre. Tenemos 23 años acá. Mi casa ya es de ladrillo. En nuestro grupo hay gente provinciana, de Piura, Chiclayo, Ayacucho, Ica, Chincha... He visto crecer como cinco generaciones de jóvenes. Los primeros ya están casados y ellos están haciendo ahora sus domicilios. También he visto muchas personas mayores, eran nuestros padres y madres, que ya fallecieron.
¿Cómo se gana la vida usted? Corto botellas. Una persona me enseñó a hacer el corte de botellas para hacer vasos, ceniceros y floreros. Compro botellas de depósitos que, antes, no separaban este material. Yo fui el primero en hacer esto aquí. Ahora hay varios más haciéndolo. Es la competencia.
¿El local de la biblioteca fue construido durante su gestión? Sí, en la primera etapa en que fui secretario general. Levantamos las paredes, pero sufríamos por tener un techo. La delincuencia, la prostitución, la drogadicción; siempre en el local había gente de malvivir y teníamos que estar botándolos. Pero, gracias al presupues-to participativo, con el anterior secretario, se logró el techo. Tratamos de que funcionara un Pronoei (Programa No Escolarizado de Educación Inicial). Siempre se dice que los primeros años de la educación son los que forman a los niños. Pero no se logró el objetivo.
¿Cómo comenzó esta biblioteca?Cuando conocí a Javier Bernaola (impulsor de la red de bibliotecas comunales de VES), me habló de poner una biblioteca y de formar una red. A mí ni se me había ocurrido. Al año logramos el objetivo: nuestros primeros libros y un grupo de gente. No tenemos buenos muebles ni buenas bancas, pero el corazón es grande. Tenemos a los niños para que aprendan algo que los ayude para el futuro.
¿Por qué pensó que era buena idea tener una biblioteca?Una vez hice simulacros de exámenes de admisión en colegios de Villa El Salvador. Encontré que había alumnos de quinto que no sabían ni llenar una ficha de datos, ni entendían cómo marcar las respuestas. Una biblioteca puede ayudar a que lean, a que escriban. ¿Qué clase de futuro vamos a tener si no?
Le tiene fe a la educación?.Los padres de familia muchas veces dicen que los maestros son malos porque sus alumnos, a veces, no aprenden. Yo creo que la primera educación sale del hogar. Las primeras cosas que debe saber un muchacho: saber saludar, saber ceder un asiento, saber comportarse, son las cosas que se aprenden de los papás. Lo otro es que también hay profesores que, efectivamente, no son buenos. Con ellos pasan los años y los niños no aprenden a leer ni a escribir. Nosotros, con diferentes programas que estamos realizando, les estamos enseñando a los niños a escribir y a leer. Así vamos a tener, algún día, grandes líderes, que sepan luchar y traer el bienestar a la comunidad.
Están ejecutando un programa nuevo llamado '1,000 Escritores para Empezar'. Cuénteme al respecto. Por primera vez en Villa El Salvador vamos a tener mil escritores. Con Javier Bernaola, que viene dictando este curso, los chicos están agarrando la costumbre de escribir para reforzar su costumbre de leer. El otro día, un niño me sorprendió, porque siempre leen cuentos. Pero él se me acercó y me dijo: "Vecino, este libro es más grande, yo no lo había leído. Está interesante". Están leyendo más que cuentos para niños, pasan a leer obras literarias. Además, ya saben que el local es para ellos. Cualquier cosa que pasa, están pendientes.
¿Cada cuánto vienen?Vienen tres veces a la semana. Tenemos 35 niños los fines de semana. También les agradezco a los padres que nos mandan a sus niños.
¿Y de qué escriben?En el programa les pedimos que hagan un recuento de su vida: ¿Qué hacen cuando se levantan? ¿Cómo es su desayuno? ¿Qué toman? ¿Cómo se comportan? ¿A qué juegan? ¿Cuál es la historia de sus familias? No se trata de corregirles si escriben incorrectamente. Se trata de que, primero, los niños pierdan el miedo a escribir. Lo primero que les digo siempre es que pierdan el miedo a expresarse. Y se está logrando.

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